Como algunos sabréis, hace dos semanas me encontraba de
Road Trip con unos amigos en Alemania y Austria. El motivo principal fue asistir a la
Oktoberfest de Munich, y en ella pasamos tres días. Esa fiesta sólo puedo definirla como
enorme, pero mejor sigue el enlace y sabrás algo más de cómo se vive la
mayor fiesta de la cerveza del mundo.
Este
post quiero dedicárselo, sin embargo, a un paisaje que se me ha quedado grabado en la retina. Me refiero a
Neuschwanstein y a sus castillos, que es un regalo para la vista.
Maximiliano y
Luis II, su hijo, crearon en un paisaje rodeado por los Alpes, lagos y prados sendos castillos, a cada cual más hermoso. El padre creó el castillo de
Hohenschwangau, entre 1.832 y 1.836, sobre los restos de un antiguo castillo. Por fuera no parece gran cosa, incluso lo encontré bastante descuidado, pero por dentro es digno de ser visto. Tiene salas con gran cantidad de objetos y pinturas de gran valor. Fue habitado por el padre y el hijo, y se aprecia por la cantidad de recuerdos que allí se pueden encontrar.

Su hijo, Luis II, se crió en castillos. Y éstos fueron su pasión, además de las óperas de su compositor favorito:
Wagner. En esa desmedida pasión quiso construir el más hermoso de los castillos imaginables... e ideó el castillo de
Neuschwanstein (1.869 - 1.886):

Este castillo iba a ser la residencia fija de Luis II. Pero antes de que estuviera completamente terminado, Luis II se ahogó en un lago en extrañas circunstancias, por lo que no llegó nunca a disfrutarlo. Se le conoció como el
rey loco, y en este castillo se adivina que quiso construirse un
mundo de fantasía, huyendo de la fea realidad.
Años más tarde, otro personaje quiso también crear otro mundo de fantasía. Me refiero a
Walt Disney. Puede ser por esta similitud de pensamiento, que Disney tomó como referencia el castillo de Neuschwanstein para crear su famoso palacio de Cenicienta, seña de identidad de
Disneyworld. Curiosamente, su muerte también está rodeada de misterio.


Sólo decir que este castillo es algo impresionante. No sólo por su idílica situación, con montañas, lagos y prados, sino además por la irrealidad que absorbe en cuanto le echas el primer vistazo, a los pies de la loma en la que se encuentra. Una vez dentro, parece que te han transportado a un cuento de hadas, ya que todo lo que ves parece sacado de ahí.
Sin duda alguna, es algo que hay que ver si se viaja a Alemania o Austria. Una vez visitado, te quedas con la sensación de que ninguna fotografía refleja ni por asomo la majestuosidad del entorno que se vive en cuerpo presente.
Aquí dejo un enlace para aquellos que estén con el gusanillo de conocer más de la historia de este fabuloso castillo, y del artífice de su construcción. Muy entretenido.